Papa Cangrejo y verduras

La Dulce Zanahoria

 

La magia de las zanahorias sucedió en un pueblo ubicado en la sierra occidental de México, un lugar donde los habitantes sufrían el intenso frío de invierno, algunos hogares tenían chimeneas, otros calentaban su casa con vasijas de barro llenas piedras calientes, previamente puestas al fuego hasta que su color se tornará rojo.

Desde la montaña se podía ver cómo se mezclaba con las nubes el humo que emitían las chimeneas y los fogones de las rústicas casas, Los aromas de los pinos se enriquecian con el de las cocinas en donde se cocinaban sabrosas comidas, pan horneado y el de las bebidas de chocolate o café. Para dar más calor al cuerpo utilizaban el piloncillo o azúcar morena para endulzarlas y así tener la energía necesaria para trabajar bajo el gélido clima.

A la orilla del pueblo vivía Raúl con sus tres hijos, todos los días se despertaba antes de que saliera el sol para hacer el desayuno mientras sus hijos se preparaban para asistir a la escuela.

 

Cuento La dulce zanahoria

Ana, una hermosa y tierna mujer, era la única maestra en la rústica escuela, ella misma daba clases en todos los grados, tenía mucho amor por sus alumnos pero principalmente por los hijos de Raul.

Juanita, la mayor de ellos era una niña de 12 años, muy inteligente, todos los días ayudaba a su padre con los quehaceres del hogar y de la granja, cuidaba a sus hermanos y les ayudaba con las tareas.

Joel, el hermano más pequeño usaba lentes, pero aun con ellos no alcanzaba a ver bien lo que la maestra escribía en el pizarrón.

Ana lo notó y habló con Raúl, él se preocupo pues no contaba con el dinero suficiente para trasladarse a la ciudad y menos para pagar la consulta de un oculista.

Angustiado regresó al ferrocarril y estuvo trabajando fuerte, con enojo, inconscientemente buscaba liberar la tensión y la impotencia que sentía.

Don Jorge, su jefe se percató de eso, nunca lo había visto enojado, preocupado, lo mandó a llamar.

Raúl se dirigió a la oficina que tenía una vista maravillosa, se encontraba en lo alto de la montaña.

Don Jorge le preguntó el porqué de su actitud.
Raúl con lágrimas en los ojos, se disculpó y le contó lo que le sucedía.

Su jefe le dio un abrazo, le dijo que no tenía porqué disculparse y que no estaba solo, que contara con él, porque antes de ser su jefe, era su amigo.

Don Jorge convocó a los trabajadores, les expuso el caso y entre todos cooperaron para la consulta.

Pocos días después, hizo cita con el mejor oculista y le entregó a Raúl el dinero recolectado para la consulta junto con los pasajes del tren.

Al día siguiente llegaron a la ciudad, era la primera vez que viajaba con su hijo, Raúl le señaló a Joel el consultorio ubicado en uno de los altos edificios de la enorme ciudad de México, Joel levantó la cabeza pero dijo que no lo veía.

En el consultorio, el doctor después de revisarlo minuciosamente, le dio un tratamiento, les dijo que si en un año no había mejora entonces iba a ser necesaria una cirugía.

Joel empezó a llorar, gritando llamaba a su mamá.
Raúl lo consoló, le dijo “Tu mamá está aquí con nosotros, ella te está abrazando hijo, cierra los ojos y siéntela”
Dos años atrás, Esperanza su esposa, murió a causa de una neumonía.

El sonido y movimiento del tren arrullaron a Joel, durmió durante todo el trayecto de regreso a casa.
Raúl no pudo conciliar el sueño, las lágrimas corrían por su rostro, extrañaba más que nunca a su amada esposa Esperanza.

Se conocieron desde niños, eran vecinos, los dos fueron hijos únicos, muy jóvenes y enamorados se casaron, ambos heredaron las parcelas de sus padres y construyeron la pequeña granja, tenían gallinas, cerdos y una vaca llamada Bella.

El silbato del tren anunciando la llegada lo sacó de sus pensamientos.

En cuanto llegaron a su casa, Raúl planeó duplicar su trabajo.

La semana siguiente fue a vender huevos, leche y quesos productos de la granja. Trabajaba en el ferrocarril y consiguió trabajo los fines de semana en una mina de carbón.

Tenía que ahorrar mucho dinero para la cirugía de Joel.

Llegó la primavera y con ella el clima templado.

Una noche Raúl llegó a casa muy cansado, llevaba en su espalda un gran costal.
Ivan, su segundo hijo, corrió para ayudarle, lo abrazó y lo sentó a la mesa.
Juanita le sirvió la cena, un espumoso chocolate caliente y un gran plato con frijoles.
Su padre le dijo “Esta es la mejor cena del mundo, hija, tu madre te heredó su buen sazón”.

Qué tiene el costal? Le preguntó Juanita

“El tren se descarriló y algunos vagones se voltearon, uno de ellos estaba cargado con semillas, mis compañeros y yo las pusimos en otros contenedores, estas semillas quedaron en las vías, no sé de que son, pero pensé que tal vez te gustaría hacer algo con ellas?

Juanita tomó las semillas con mucho amor, era un regalo de su padre.

Al día siguiente sembró varias semillas en una maceta de barro, amaba las plantas al igual que su madre quien había hecho un hermoso jardín alrededor de la casa el cual nunca dejaba de florecer, aún bajo el frío intenso, siempre tenía flores que perfumaban el ambiente. Juanita lo cuidaba con esmero.

En los días siguientes lo primero que hacía al llegar de la escuela era ir a la maceta para ver si habían germinado las semillas, cuando por fin aparecieron los primeros brotes de las plantas su emoción no tuvo límites.

Con sus cuidados las plantas crecieron.

Pero Juanita estaba triste, de las hermosas plantas no salía ningún fruto, crecieron tanto que a los tres meses reventaron la maceta dejando ver parte de su raíz.

“Papá, papá” gritó Juanita, mira la raíz de las plantas, tiene el color del sol.
Su padre soltó una carcajada, “Hija cultivaste zanahorias, son zanahorias!!

Todos se pusieron felices, excepto Joel, que con cara de enfado les dijo;

“A mi, no me gustan las zanahorias”

Juanita cocinó con ellas y llevó a la escuela para regalar a su maestra, le contó lo que había sucedido.

La maestra Ana, vio con ternura la emoción de Juanita, entonces se dirigió hacia un antiguo librero que estaba al fondo del salón, de allí tomó un libro titulado “Cómo cultivar salud, cultivando zanahorias” le sacudió el polvo y lo estrecho cerca de su corazón, después extendió los brazos y se lo regaló a Juanita, le dijo que todos esos libros habían sido de su padre quien fue un apasionado de los cultivos.

“Yo ayudaba a mi padre y si quieres te puedo ayudar a cultivar las zanahorias” le dijo Ana.

“Sí maestra, gracias, a mis hermanos y a mi nos gustaría mucho darle la sorpresa a mi padre”

El siguiente sábado, muy temprano llegó Ana en su vieja camioneta, Juanita y sus hermanos subieron herramientas, comida y bebidas, después de un largo recorrido llegaron al final de la parcela que colindaba con el río, se dispusieron a limpiar y labrar la tierra.

Regresaron el siguiente sábado para sembrar las semillas, lo hicieron con mucho amor.

Fue un arduo trabajo en el que todos se volvieron cómplices, no dirían nada a su padre hasta que llegara el día indicado.

Cada sábado esperaban a Ana emocionados para ir al sembradio mientras su padre trabajaba en la mina.

El río fue el encargado del suministro de agua, así pasaron seis meses y las plantas crecieron.

Juanita y sus hermanos planearon organizar un desayuno para después llevar a su padre a conocer el cultivo, acordaron que sería el sábado siguiente.

Para que no sospechara nada, Iván fue el encargado de pedir permiso a su padre para invitar a desayunar a su maestra, a Raúl le pareció buena idea porque ese sábado era una fecha festiva y no se trabajaba en la mina.

Llegó el sábado, Ana lucía aún más hermosa, sujetó su negra y abundante cabellera con una pashmina de seda.

Juanita y sus hermanos prepararon un sabroso desayuno y decoraron la mesa con flores.

Al terminar el desayuno, le dijeron a Raúl que tenían una sorpresa para él.

Con la pashmina, Ana le cubrió los ojos a Raúl, el perfume impregnado en la prenda lo hizo estremecer.

Subieron a la camioneta comida y bebidas, en el trayecto, Ivan tocaba la guitarra y todos cantaban.

La curiosidad de Raúl aumentaba cada segundo.

Cuando llegaron, Joel le quitó la pashmina, al ver el verde campo Raúl reconoció las plantas, eran como las de la maceta, no pudo contener el llanto de emoción, abrazó a sus hijos y agradeció a Ana.

Ana le dijo “Todo lo que se siembra con amor, florece, lo hice porque amo a tus hijos… Igual que a ti”
Raúl se sonrojó, con ternura tomó y besó las manos de Ana, los niños se alegraron al ver a su padre feliz.

Los días siguientes se cosecharon miles de zanahorias, eran grandes y jugosas, jamás se habían visto zanahorias tan bonitas.
Juanita dejó 50 plantas, como decía el libro de cultivo de zanahorias para obtener de ellas nuevas semillas.

Su padre llevó a vender la cosecha a la ciudad más cercana, en poco tiempo vendió todas y se la pagaron muy bien.

Inmediatamente depositó todo en el banco, pronto sería de nuevo la cita con el oculista y todavía no reunía el dinero que necesitaba.

Juanita esperaba con emoción la recolección de las semillas, cada tercer día cabalgaba hacia el sembradío, en el camino saludaba a su vecino Samuel, él nunca contestaba, era un hombre amargado con la vida, siempre tenía envidia de todo lo bueno que le sucedía a las personas.

Por fin brotaron las primeras flores.

Juanita con mucho cuidado acarició una y agradeció al cielo por las hermosas flores blancas.

Ana dijo que parecían ramos de novia.
Emocionadas regresaron a dar la buena noticia.

Tenían que esperar la polinización de las abejas para obtener las nuevas semillas.

Ivan y Juanita, cocinaban todos los días deliciosas comidas con las zanahorias, Joel se las comía sin ganas, aún no le gustaban pero era lo único que tenían para comer.

Juanita trataba de convencerlo, le platicaba de todas las maravillas que se encuentran en las zanahorias,

“Las zanahorias guardan y nos regalan la magia que la tierra tiene para alimentarnos.
Ellas son una caja de regalos, en cada una se encuentran minerales como el Hierro, el calcio, magnesio, potasio, sodio, zinc, yodo, selenio y fósforo.

Están llenas de las vitaminas B1, B2, B3, B6 que son las que transforman los alimentos en energía, dan buena salud a la piel, al sistema nervioso, fortalecen nuestras defensas y nos protegen el sistema digestivo.

También nos regalan las vitaminas E, C, que son las que se van a encargar de mantenernos jóvenes porque tienen antioxidantes naturales.

Joel, sabías que el color de las zanahorias es porque contiene Carotenos?

Joel hizo gesto de asco y se limpió la boca.

Ja ja ja No, no son bichos. Todo lo contrario, es un pigmento que cuando lo comemos nuestro organismo se encarga de convertirlo en vitamina A
Pero lo más importante que las zanahorias tienen para ti, es la fortaleza que te dan para mejorar la vista y mantenerla con buena salud” Le contestó Juanita

“Pero no me gustan las zanahorias”, contestó Joel.

Bueno, Ahora termina de comer tu sopa de zanahoria. Le contestó Juanita.

Para Juanita el tiempo parecía pasar lento, las hermosas flores fueron murieron para dar paso a las semillas.

Siguiendo las indicaciones del libro, se dejaron más días en las plantas para que los rayos de sol las secaran y poderlas almacenar.

Por fin había llegado el día, todos se prepararon con las herramientas adecuadas y con los costales de manta que Ana había diseñado para que la recolección de las semillas fuera más fácil.
Cuando llegaron no podían creer lo que veían, todas las plantas estaban pisoteadas, destruidas y sin las semillas.

Muy tristes y confundidos de regreso a casa vieron que Joel tenía los ojos muy rojos, su padre se angustió mucho, todavía no lograba reunir todo el dinero para la operación.

Al día siguiente, en la camioneta de Ana, todos fueron a la ciudad de México para que el oculista revisará a Joel.

Sin decir ninguna palabra el doctor lo examinó en repetidas ocasiones y con diferentes aparatos, incrementando con eso el temor de todos.

Hasta que por fin rompió el silencio, con gesto de asombro, expresó en voz alta “En verdad, sí existen los milagros”

La vista de Joel es excelente, no necesita ninguna operación.

Solamente es una leve irritación.

“Fueron las zanahorias” Gritó Joel brincando de gusto.

Ana contestó “Es verdad, cuando han visto a un conejo con lentes?”

Todos rieron, estaban muy felices por la buena noticia.

Con el dinero que Raúl había guardado para la operación, compraron muchos costales de semillas y esta vez sembraron en todas las parcelas, pronto surgieron las frondosas plantas de zanahoria, cubriendo de verde todo el panorama.

Las personas del pueblo y los compañeros del trabajo estaban contentos por lo bien que estaba Joel.
Raúl, agradecido, les regaló a todos semillas para que también ellos pudieran cultivar sus tierras con zanahorias.

El amargado de Don Samuel estaba aún más enojado por el éxito de Raúl, él no aceptó el regalo, le gritó “Tus mugrosas semillas no me sirven, son basura, no dan ningún fruto” lárgate de mi casa.

Todos los demás se pusieron a trabajar en sus parcelas sembrando las semillas de zanahoria.

Al poco tiempo el pueblo tuvo un gran progreso, en muchas ciudades eran reconocidas las excelentes zanahorias.

Raúl y Ana se casaron, el ramo de novia fue de flores de zanahoria.
Juntos trabajaron mucho en los cultivos, unieron a todos en el pueblo para crear una cooperativa, bajo el nombre de Esperanza, fue tal el éxito obtenido que en pocos años se exportaban toneladas de zanahorias Esperanza a muchos países.

Con parte de las ganancias construyeron una gran escuela, nombraron a Ana como directora.

La principal actividad en la escuela fueron los cultivos, todos los alumnos participaban entusiasmados.

Juanita era muy feliz, faltaban pocos días para ir a la universidad donde estudiaría lo que más le apasionaba, la agronomía.
Una tarde cabalgaba pensando en su madre, imaginaba lo orgullosa que estaría al ver el extenso y verde campo de los sembradíos de zanahorias Esperanza.

Sus pensamientos se cortaron al ver a Don Samuel triste.

Conmovida regresó a su casa y le pidió a su padre que hablara con él.
Raúl le dijo “Hija, eres tierna como la dulce zanahoria y heredaste el noble corazón de tu madre.

Cómo negarle un favor a la fundadora de la felicidad de este pueblo?

Por supuesto que iré a hablar con Don Samuel, él también es parte de nuestra comunidad”
Inmediatamente Raúl se dirigió a la casa de su vecino.

Decidido entró, sabía que no iba a obtener respuesta al tocar en la puerta.

“Don Samuel, usted es la única persona del pueblo que falta, queremos que se una a la cooperativa”  y le entregó un costal, enseguida puso en las agrietadas y viejas manos de Don Samuel, un puño de semillas.
“Siembralas con amor y florecerán, como todo en la vida cuando se hace con amor” Le dijo Raúl

Don Samuel bajó la cabeza, “Eso es lo que le falta a mi vida, amor”.

Arrepentido le confesó que él había destruido las plantas y robado las semillas, le pidió perdón.
Raúl lo abrazó y le dijo “Somos vecinos, todos somos como una gran familia”
Vamos, Don Samuel que tenemos mucho trabajo”.

Era el cumpleaños de Joel, en el pueblo se organizó la fiesta, decoraron con globos y serpentinas el centro de la plaza, cada familia llevó comidas y bebidas para compartir con todos.

Ivan y su banda tocaban la música y todos contentos bailaban.

Juanita cocinó un enorme pastel, medía cinco metros de largo por dos de ancho.

Joel preguntó “Es de Zanahoria?

“Por supuesto que es de zanahoria”

Con vergüenza le contestó Juanita, había olvidado que las zanahorias no eran de su agrado.

Pero Joel puso su cara aún más feliz  y grito muy fuerte…

Qué bueno!!

Por qué a mí, me gusta mucho la dulce Zanahoria”

 

Fin.

 

 

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Cuento La dulce zanahoria

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